jueves, 31 de enero de 2008

REFLEXIONES SOBRE NUESTRA RESPONSABILIDAD

REFLEXIONES SOBRE LA RESPONSABILIDAD

En los últimos años estamos siendo testigos en nuestras islas de un incremento del consumo doméstico en cuanto a productos de innovación, modas, etc. Lo más notable está relacionado con las carteleras postnavideñas de “ofertas” y “rebajas” en los grandes almacenes, dejando entrever en muchos casos nuestra vulnerabilidad. Se trata de una imposición de patrones establecidos de “nueva temporada” sobre lo que hay que ponerse y todo lo que una casa de familia debe tener, según ellos, para hacernos más llevadera nuestra vida sin necesidad de utilizar la inteligencia ni nuestra capacidad creativa. Que voy a decir respecto a todo esto, sino que es una pérdida más de nuestra autonomía personal a veces ya bastante precaria, que nos hace sentir como copias de la masa social, recordando aquello de “un millón de individuos dividido por un millón”. Son situaciones donde lo universal se transforma en colectivo, y lo necesario en repetible, además de fenómenos de neurosis colectivas que pueden reflejar en algunos, cierto vacío existencial. Es más, transmitimos este tipo de valores a futuras generaciones aunque contengan errores, por no haber sabido ponderarlos, y esto ocurre probablemente por comodidad, irresponsabilidad, ignorancia, no sé.
Yo sinceramente en esos momentos, como persona y padre de familia siento mucho miedo, y los vivo como una pesadilla y un mal que se contagia con tanta facilidad, que parece una epidemia que se extiende como el terror que denominaría “la peste moderna”. Esta influencia tan nociva, nos puede animar a cometer actos irracionales de compras y más compras, convirtiendo nuestros hogares en un vertedero de productos baratos e inservibles. Este año en las rebajas veía esas escenas de atropello en los comercios abarrotados de gente, que daban la impresión de que fuera a acabarse el mundo y hubiera que aprovechar los últimos instantes. A veces parecíamos animales salvajes en constantes movimiento, sin rumbo, y tan confusos que no sabíamos lo que buscábamos. Al ver todo aquello, me preguntaba "cómo puede un ser humano necesitar tanta ropa para un solo cuerpo".
Una vez que finalizan estas temporadas si es que lo hacen, algo aunque sea un poco ha cambiado en nosotros, quizás por no haber sabido sobrellevar la situación, digamos las nuevas condiciones de vida social. Si uno se detiene a analizarlas comprende que son banalidades y torpezas que nos ponen a prueba, y es cuando nos damos cuenta de que aún nos queda algo propio y auténtico, que siente malestar ante lo que sucede y que le llama para que no se deje anular o cosificar completamente, para que profundicemos en nuestra propia realidad.
Como se echa de menos aquellas ventitas del pueblo, sus dueños eran casi siempre familias que se solidarizaban con los vecinos, sobretodo con los más necesitados, facilitándoles el que pudieran adquirir los productos más útiles y rentables, como un buen textil de lana, buenas herramientas de cocina, verduras y carnes frescas, etc. Recuerdo en una ocasión como el dueño de la venta de una familia del Mocanal, le decía a un cliente que estaba recién llegado al pueblo y no conocía de nada, y que le pedía que le fiaran porque no tenía con que comprarles aquel día la leche de sus hijos, -“no se preocupe Vd, no sólo coja la leche sino todo lo que crea que necesita, que ya lo pagará buenamente cuando pueda”. Se además de otros comerciantes herreños que tanto en Las Palmas como en Tenerife han dejado una gran historia de humanidad ejemplar.
Aunque el progreso deja una puerta abierta para la esperanza, quedan numerosos y graves problemas como son estos, los basados en el consumismo compulsivo, y existe el riesgo de que seamos sólo el resultado de condiciones sociales, reduciendo la concepción del hombre a un robot, y no a un ser humano. Vemos en estos casos un ser humano que no siente la libertad de tomar una postura ante estas condiciones, y que desdeña su capacidad de asumir responsabilidad ante las situaciones cualesquiera que estas sean.
La libertad corre el peligro de degenerar en arbitrariedad a no ser que se viva con responsabilidad, dejándonos la opción de decidir por qué, ante qué o ante quién se considera responsable. Por tanto le corresponde al hombre decidir si debe interpretar su tarea vital siendo responsable ante la sociedad, ante su conciencia o ante Dios. Pues la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable.


31/01/2008
Carlos Gavilán.

3 comentarios:

Carlos Gavilán dijo...

Clément Rosset(1939): En referencia a la idea de que, más allá de la identidad social, existe en cada hombre (aunque sea un tanto escondida) una identidad personal. Esa vieja leyenda de que detrás de esa identidad que surge del trato con los demás, y que se considera falsa, una máscara llena de apaños y concesiones y sujeta a diferentes compromisos, hay un reducto donde se aloja la verdad de cada uno, aquello que da sentido a las propias peripecias y que llena de intenciones cada acto, cada decisión, cada paso que damos.
Rosset opina que no hay tal cosa, y dice. "Lo que hace las veces de la identidad es pues un puzle social, que es tan abigarrado como inexistente la imaginaria unidad que debía sostenerlo". Así que la identidad social es la única identidad real. "No estamos hechos más que de piezas añadidas", cuenta Rosset citando a Montaigne.

Carlos Gavilán dijo...

E.G.Wilson en relación con el arte, se explaya al mostrarnos una amplísima y significativa casuística histórica de la beatitud conformista de la mayoría de los ciudadanos occidentales actuales, cuya inocuidad les hace acreedores, aun viviendo en acreditadas democracias, de ser tildados como "esclavos felices". Que, a pesar de los pesares, son una creciente legión, que como las pulgas, se sienten atraídos por la ropa blanca.

Carlos Gavilán dijo...

Javier Tomeo(1932), columnista de la revista JANO que en la publicación del 18-24 de abril de 2008 que lleva por título Frases hechas, nos dice que hay frases que concitan éxito, frases que en la mayoría de los casos carecen de sentido o de realidad y que, si uno se detiene a analizarlas, suelen contener lugares comunes, banalidades y torpezas para exergos de calendario. Habla de como segregamos una serie de excrecencias recibidas y que nunca nos detenemos a analizar y que transmitimos como valores que no es necesario ponderar, aunque contengan un error. Quizá la comodidad es lo que hace del lenguaje un vertedero de lugares comunes con los que nos es posible comunicarnos con los demás sin necesidad de utilizar la inteligencia, la invención, sino una serie de recursos, de patrones establecidos de antemano que nos hacen más llevadera nuestra vida.